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Arcipreste de Hita - Ave María

Ave María, gloriosa,
Virgen Santa preçiosa:
como eres piadosa
todavía.

Graçia plena, syn mansilla,
abogada:
por la tu merçed, Señora,
faz esta maravilla,
señalada;
por la tu bondad agora
goárdame toda ora
de muerte vergoñosa,
porque loe a ty, fermosa,
noche e dya.

Dóminus tecum,
estrella resplandeçiente,
melesina de coydados,
catadura muy bella,
rrelusiente,
syn mansilla de pecados:
por los tus gosos preçiados
te pido, virtuosa,
que me guardes, linpia rosa,
de ffollya.

Benedicta tú,
Onrrada sin egualança:
syendo Virgo conçebiste,
de los ángeles loada
en altesa:
por el fijo, que pariste,
por la graçia, que oviste,
¡o bendicha fror e rosa!
tú me guarda, piadosa,
e me guía.

In mulieribus
escogida, santa Madre,
de xristianos anparança,
de los santos bien servida;
e tu Padre
es tu fijo sin dubdança:
¡Virgen, mi fiança!
de gente maliçiosa,
cruel, mala, soberviosa
me desvía.

E benedictus fructus,
folgura e salvaçión
del lynage umanal,
que tiraste la tristura,
e perdimiento,
que por nuestro esquivo mal
el diablo susio tal
con su obla engañosa
en cárçel peligrosa
ya ponía.

Ventris tui,
ssanta flor non tanida:
por la tu grand santidad,
tú me guarda de errar,
que my vida sienpre sigua
en bondad,
que meresca egualdad,
con los santos, muy graçiosa,
en dulçor maravillosa,
¡o María!

Aguijonmagico - Nasciturus

Vivo solo en un planeta abandonado,
donde solo vivo yo, el vigilante.
Vivo ahora eternamente malhadado,
existo para siempre en un instante.

Vigilo mi cosecha de tristezas,
donde solo vivo yo, en mi avanzada
hundida.
Sin vida
me recreo en futiles proezas
que nunca logran nada,
logran nada.

Soy un páramo desierto en un planeta
que se esconde en la cola de un cometa,
uno cualquiera.
Como quisiera
que mi vida no sea nada,
no sea nada.

Un rayo incomprensible me atraviesa;
mis negras nubes negras atraviesa
mi atmósfera cargada.
Me atraviesa
mi capa de tristeza,
de tristeza.

Nace Flor en la hosquedad de roca
encuentra allí un lugar que no existía
nace el amor, una esperanza toca
la vida vacía
de mi melancolía.

Mi planeta abandonado se humedece
se descargan esas negras, negras nubes
llueve en mí, la pequeña Flor florece
subo yo, mi amor, porque tú subes.

Sube en mí, mi Flor, sube en mi esencia
dame paz,
ya me la das,
con tu presencia.

Nace un nuevo mundo en mí,
nuevo planeta.
Por vos,
y porque sí,
nace el poeta.
FIN.

Félix María de Samaniego - El gallo y el zorro

Un gallo muy maduro,
de edad provecta, duros espolones,
pacífico y seguro,
sobre un árbol oía las razones
de un zorro muy cortés y muy atento,
más elocuente cuanto más hambriento.
«Hermano», le decía,
«ya cesó entre nosotros una guerra
que cruel repartía
sangre y plumas al viento y a la tierra.
Baja; daré, para perpetuo sello,
mis amorosos brazos a tu cuello».
«Amigo de mi alma»,
responde el gallo, «¡qué placer inmenso
en deliciosa calma
deja esta vez mi espíritu suspenso!
Allá bajo, allá voy tierno y ansioso
a gozar en tu seno mi reposo.
»Pero aguarda un instante,
porque vienen, ligeros como el viento,
y ya están adelante,
dos correos que llegan al momento,
de esta noticia portadores fieles,
y son, según la traza, dos lebreles».
«Adiós, adiós, amigo»,
dijo el zorro, «que estoy muy ocupado;
luego hablaré contigo
para finalizar este tratado».
El gallo se quedó lleno de gloria,
cantando en esta letra su victoria:
Siempre trabaja en su daño
el astuto engañador;
a un engaño hay otro engaño,
a un pícaro otro mayor.

Lope Félix de Vega y Carpio - 126

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Francisco Villaespesa - Canción del recuerdo

Igual que en un sepulcro me he encerrado
en tu eterno recuerdo, y en él vivo,
la frente entre las manos, pensativo,
evocando las glorias del pasado.
¿Será posible que un amor tan fuerte
se haya para mi amor desvanecido?
¡El amor es más fuerte que la Muerte,
y la Muerte más fuerte que el olvido!
Largas horas de espera... Eternidades
que llenan de ansiedad mis soledades.
Solo y soñando con tu amor me tienes;
solo y soñando con tu vuelta muero...
Si nunca has de venir, ¿por qué te espero?
Y si te espero aún, ¿por qué no vienes?

Carlos Bousoño - Letanía del ciego

Y tú que tanto amas, tanto ríes,
tanto adivinas y conoces tanto,
¿dónde el escudo para que te fíes,
dónde el pañuelo de enjugar tu llanto?
¿Dónde el camino que no veo ahora?
Dímelo o llora y el mirar suprime.
¿Es ya la noche que no tiene aurora?
Dímelo, dime.
Y sin embargo tu vivir empaña
mi vivir con un vaho que es ternura,
que es caliente rumor que me acompaña
la noche oscura.
Y sin embargo con tu mano guías
y a tientas toco lo que apenas veo
y digo acaso para que sonrías
lo que no creo.
Y toco apenas y tu bulto aprendo
y torpe sigo lo que tú me indicas.
Lo que no miro, lo que no comprendo,
tú multiplicas.
Tú multiplicas, o quizás es tu invento
porque lo vea aunque quizá no exista.
Entre la noche de mi pensamiento
dulce es tu vista.
Dulce es tu vista, tu mirar risueño
que mira un llano donde estaba un monte
y que a mi alma de temblor pequeño
llamó horizonte.
Dulce es tu vista que miró aquel lago
y lo llamaba alegre mar bravío.
Tu generoso corazón es mago.
¡Lo fuese el mío!

Evaristo Carriego - Sola

¡Ah, por fin sola! Te dejaron
las buenas amigas, las locas
de siempre.
¡Qué alegres se fueron!,
¡Qué risas las suyas!
¡La zonza!,
Te dijeron al irse. ¡Es claro,
parecías tan triste!
Bueno.
Por fin estás sola No hay nadie,
todas las amigas se fueron
y se halla en silencio la casa.
La abuela descansa, y los chicos
en el distante comedor
juegan despacio, sin dar gritos.
Apenas si afuera, en la calle,
persiste un rumor apagado
de voces. Estás sola, sola,
en la paz grave de tu cuarto.
Vela un momento, y cuando tengas
el corazón bien en reposo
duerme como no duermes hace
mucho: con un sueño de novia.
La última noche de novia
Llegó pronto, ¿Verdad? Mañana
adiós cuartito de soltera,
adiós camita, adiós almohada
del sueño lejano y querido
que no volverá
¿Te sorprende
pensar en eso? Tan sereno,
tan dulce que ahora parece.
¡Por fin vino el novio! Fue larga,
muy larga la espera, ¿Recuerdas?,
Pasaban los años y nada,
ninguno ¡Quedarte soltera!
¡Ay!, Bien lo temías.
En vano
los tiernos coloquios. ¡Qué rabia!,
Aquellas preguntas del primo,
¡Torpe, ciego!
¿Cuándo te casas?
Por fin vino el novio, y por fin
la última noche de novia.
Llegó pronto, ¿Verdad? ¡Tan pronto!
Mañana, mañana
¡Bah! ¿Lloras?

Delmira Agustini - Tu boca

Yo hacía una divina labor, sobre la roca
Creciente del Orgullo. De la vida lejana,
Algún pétalo vivido me voló en la mañana,
Algún beso en la noche. Tenaz como una loca,

Seguía mi divina labor de roca,
Cuando tu voz que funde como sacra campana
En la nota celeste la vibración humana,
Tendió su lazo de oro al borde de tu boca;

- ¡Maravillo nido del vértigo, tu boca!
Dos pétalos de rosa abrochando un abismo…
- Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana;

¡Tela donde mi espíritu se fue tramando él mismo!
¡Tú quedas en la testa soberbia de la roca,
Y yo caigo sin fin en el sangriento abismo!

Gonzalo Rojas - Sebastián Acevedo

Sólo veo al inmolado de Concepción que hizo humo 
de su carne y ardió por Chile entero en las gradas 
de la catedral frente a la tropa sin 
pestañear, sin llorar, encendido y 
estallado por un grisú que no es de este Mundo: sólo 
veo al inmolado.

Sólo veo ahí llamear a Acevedo 
por nosotros con decisión de varón, estricto 
y justiciero, pino y 
adobe, alumbrando el vuelo 
de los desaparecidos a todo lo 
aullante de la costa: sólo veo al inmolado.

Sólo veo la bandera alba de su camisa 
arder hasta enrojecer las cuatro puntas 
de la plaza, sólo a los tilos por 
su ánima veo llorar un 
nitrógeno áspero pidiendo a gritos al 
cielo el rehallazgo de un toqui 
que nos saque de esto: sólo veo al inmolado.

Sólo al Bío-Bío hondo, padre de las aguas, veo velar 
al muerto: curandero 
de nuestras heridas desde Arauco 
a hoy, casi inmóvil en 
su letargo ronco y 
sagrado como el rehue, acarrear 
las mutilaciones del remolino 
de arena y sangre con cadáveres al 
fondo, vaticinar 
la resurrección: sólo veo al inmolado.

Sólo la mancha veo del amor que 
nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o 
no con aguarrás o sosa 
cáustica, escobíllenla 
con puntas de acero, líjenla 
con uñas y balas, despíntenla, desmiéntanla 
por todas las pantallas de 
la mentira de norte a sur: sólo veo al inmolado.

Jaime Sabines - Entresuelo

Un ropero, un espejo, una silla, 
ninguna estrella, mi cuarto, una ventana, 
la noche como siempre, y yo sin hambre, 
con un chicle y un sueño, una esperanza. 
Hay muchos hombres fuera, en todas partes, 
y más allá la niebla, la mañana. 
Hay árboles helados, tierra seca, 
peces fijos idénticos al agua, 
nidos durmiendo bajo tibias palomas. 
Aquí, no hay mujer. Me falta. 
Mi corazón desde hace días quiere hincarse 
bajo alguna caricia, una palabra. 
Es áspera la noche. Contra muros, la sombra 
lenta como los muertos, se arrastra. 
Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua. 
Su piel sobre mis huesos 
y mis ojos dentro de su mirada. 
Nos hemos muerto muchas veces 
al pie del alba. 
Recuerdo que recuerdo su nombre, 
sus labios, su transparente falda. 
Tiene los pechos dulces, y de un lugar 
a otro de su cuerpo hay una gran distancia: 
de pezón a pezón cien labios y una hora, 
de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas. 
Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos, 
hasta el último vuelo de la última ala, 
cuando la carne toda no sea carne, ni el alma 
sea alma. 
Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero. 
¡Es tan dura, tan tibia, tan clara! 
Esta noche me falta. 
Sube un violín desde la calle hasta mi cama. 
Ayer miré dos niños que ante un escaparate 
de maniquíes desnudos se peinaban. 
El silbato del tren me preocupó tres años, 
hoy sé que es una máquina. 
Ningún adiós mejor que el de todos los días 
a cada cosa, en cada instante, alta 
la sangre iluminada.
Desamparada sangre, noche blanda, 
tabaco del insomnio, triste cama.
Yo me voy a otra parte. 
Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.

Antonio Machado - Gran pesar

Nuestras vidas son los ríos, 
que van a dar a la mar, 
que es el morir. ¡Gran cantar! 
Entre los poetas míos 
tiene Manrique un altar. 
Dulce goce de vivir: 
mala ciencia del pasar, 
ciego huir a la mar. 
Tras el pavor del morir 
está el placer de llegar. 
¡Gran placer! 
Mas ¿y el horror de volver? 
¡Gran pesar!

Mario Benedetti - El hijo

De haber tenido un hijo
no lo habría llamado
ni mario ni orlando ni hamlet
ni hardy ni brenno
como reza mi fardo onomástico

más bien le habría
colgado un monosílabo
algo así como luis o blas o juan
o paz o luz si era mujer
de manera que uno pudiera convocarlo
con sólo respirar

de haber tenido un hijo
le habría enseñado a leer
en los libros y muros
y en los ojos veraces
y también a escribir
pero sólo en las rocas
con un buril de fuego

de modo que las lluvias
limpiaran sus palabras
defendiéndolas
de la envidia y la roña
y eso aunque nadie nunca
se arrimara a leerlas

de haber tenido un hijo
acaso no sabría qué hacer con él
salvo decirle adiós cuando se fuera
con mis heridos ojos
por la vida

Gutierre de Cetina - Incierta salud

De la incierta salud desconfiado,
mirando cómo va turbio y furioso
Betis corriendo al mar, dijo lloroso
Vandalio, del vivir desesperado:

«Recibe, ¡oh caro padre!, este cansado
cuerpo de un hijo tuyo, deseoso
de hallar en tus ondas el reposo
que negó la fortuna a mi cuidado.

»Haz, padre, que estos árboles que oyendo
la causa de mi muerte están atentos,
la recuenten después de esta manera:

»Aquí yace un pastor que amó viviendo;
murió entregado a Amor con pensamientos
tan altos, que aun muriendo, amar espera».

José Martí - Por donde abunda la malva

Por donde abunda la malva
Y da el camino un rodeo,
Iba un ángel de paseo
Con una cabeza calva.

Del castañar por la zona
La pareja se perdía:
La calva resplandecía
Lo mismo que una corona.

Sonaba el hacha en lo espeso
Y cruzó un ave volando:
Pero no se sabe cuándo
Se dieron el primer beso.

Era rubio el ángel; era
El de la calva radiosa,
Como el tronco a que amorosa
Se prende la enredadera.

Federico García Lorca - Remansos

Me miré en tus ojos 
pensando en tu alma.

Adelfa blanca.

Me miré en tus ojos 
pensando en tu boca.

Adelfa roja.

Me miré en tus ojos. 
¡Pero estabas muerta!

Adelfa negra.

Francisco de Quevedo - A Apolo, siguiendo a dafne

Bermejazo Platero de las cumbres 
A cuya luz se espulga la canalla: 
La ninfa Dafne, que se afufa y calla, 
Si la quieres gozar, paga y no alumbres.

Si quieres ahorrar de pesadumbres, 
Ojo del Cielo, trata de compralla: 
En confites gastó Marte la malla, 
Y la espada en pasteles y en azumbres.

Volvióse en bolsa Júpiter severo, 
Levantóse las faldas la doncella 
Por recogerle en lluvia de dinero.

Astucia fue de alguna Dueña Estrella, 
Que de Estrella sin Dueña no lo infiero: 
Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.

Jaime Sabines - Algo sobre la muerte del mayor Sabines

No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin agua y sin aire
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer;
no podrás morir.
Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
No podrás morir.

Lope Félix de Vega y Carpio - A la noche

Noche fabricadora de embelecos, 
loca, imaginativa, quimerista, 
que muestras al que en ti su bien conquista, 
los montes llanos y los mares secos;

habitadora de celebros huecos, 
mecánica, filósofa, alquimista, 
encubridora vil, lince sin vista, 
espantadiza de tus mismos ecos;

la sombra, el miedo, el mal se te atribuya, 
solícita, poeta, enferma, fría, 
manos del bravo y pies del fugitivo.

Que vele o duerma, media vida es tuya; 
si velo, te lo pago con el día, 
y si duermo, no siento lo que vivo.

Lope Félix de Vega y Carpio

Luis de Góngora y Argote - Al monte santo de Granada

Este monte de cruces coronado, 
Cuya siempre dichosa excelsa cumbre 
Espira luz y no vomita lumbre, 
Etna glorioso, Mongibel sagrado,

Trofeo es dulcemente levantado, 
No ponderosa grave pesadumbre, 
Para oprimir sacrílega costumbre 
De bando contra el cielo conjurado.

Gigantes miden sus ocultas faldas, 
Que a los cielos hicieron fuerza, aquella 
Que los cielos padecen fuerza santa.

Sus miembros cubre y sus reliquias sella 
La bien pasada tierra. Veneradlas 
Con tiernos ojos, con devota planta.

Pablo Neruda - Soneto LXXXVI

Oh Cruz del Sur, oh trébol de fósforo fragante, 
con cuatro besos hoy penetró tu hermosura 
y atravesó la sombra y mi sombrero: 
la luna iba redonda por el frío.

Entonces con mi amor, con mi amada, oh diamantes 
de escarcha azul, serenidad del cielo, 
espejo, apareciste y se llenó la noche 
con tus cuatro bodegas temblorosas de vino.

Oh palpitante plata de pez pulido y puro, 
cruz verde, perejil de la sombra radiante, 
luciérnaga a la unidad del cielo condenada,

descansa en mí, cerremos tus ojos y los míos. 
Por un minuto duerme con la noche del hombre. 
Enciende en mí tus cuatro números constelados.

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